lunes, 29 de septiembre de 2014

Dispositivo fénix
Daniel Canogar
Andrea Florido Cabrillana (1º Historia del Arte)

Small data, la nueva exposición de Daniel Canogar, nos presenta una serie de dispositivos electrónicos, rotos y olvidados, a los que, gracias a unos proyectores y a sus luces, colocados sobre las piezas, dota de vida. De esta forma, y gracias a la original presentación de las obras, los modelos anticuados vuelven a nacer durante el periodo de tiempo que el proyector se mantiene encendido. Así, el artista critica así lo efímera que es la existencia de los dispositivos electrónicos, ya que la sociedad está acostumbrada a abandonar el aparato, antaño portadoras de todo tipo de recuerdos e información y, posiblemente una de las posesiones más preciadas de sus dueños, cuando sale una nueva versión.

Circuitos, discos duros, un escáner, una impresora, móviles, calculadoras y otra suerte de chatarra electrónica se disponen en tablas, siempre iluminadas con sus respectivos proyectores que de forma precisa, reflejan la electricidad que una vez tuvieron esas máquinas. Sin embargo, esta especie de “resurrección” nunca es perfecta: las imágenes proyectadas, aunque en un principio tengan orden, acaban descontrolándose, atacándose a si misma o incluso estallando, como el reloj construido a base de placas de otros relojes digitales que en un momento, inicia una cuenta atrás y explota; o los mandos de televisión que se enzarzan en una batalla de zapping, disparándose rayos que acaban dejando a la televisión sin señal y, finalmente, apagándola.

Las consolas antiguas se vuelven una parte importante de la exposición, quizás la más llamativa. En una de las piezas, los personajes más característicos de Nintendo salen de la pantalla de la GBA. Sin embargo, aunque hayan podido escapar de la máquina, les es imposible escapar del soporte. Como una pantalla insuperable, diversos personajes se amontonan en la base hasta que las enredaderas ocultan todo, para posteriormente ser devoradas por el fuego que mas tarde apaga un mar de píxeles que convierte los botones de la consola en pequeñas islas. Esta autodestrucción electrónica que aparece en la obra quizás hace referencia a la ya mencionada necesidad de comprar la nueva versión ya que se impone a la que ya tenemos. Ni siquiera la tecnología se conforma consigo misma y necesita reinventarse, sustituyendo sus defectos continuamente con mejoras. Sin embargo, al mismo tiempo, se está eliminando a sí mismo y perdiendo su identidad original, al igual que nosotros cuando desechamos nuestros dispositivos, o borramos los datos que contienen.

La última parte de la exposición es una mesa en la cual encontramos varios teclados de ordenador totalmente desguazados, de forma que lo único que quedan de ellos son las teclas, separadas y desordenadas. El proyector ilumina el soporte con letras, números y abreviaturas que podemos encontrar en cualquier teclado, que bailan por la mesa en busca de su tecla, con escasos resultados. Quizás por la frustración que conlleva el no encontrar su lugar, las letras proyectadas se convierten en llamas que lamen las teclas. Después, las letras vuelven a aparecer y ya que no pueden volver a su tecla original, empiezan a agruparse en citas célebres, como el famoso discurso de Martin Luther King “Yo tengo un sueño”. Sin embargo, las fantasías y utopías que se ven reflejadas en el orden que han logrado al agruparse, pronto se ve destruido de nuevo y los caracteres empiezan a dispersarse de forma caótica. Finalmente, y como si de la caja de Pandora se tratara, aún queda la esperanza: del desorden nacen una especie de garabatos que al chocar con cada tecla, dan vida a la letra que las nombra.

En definitiva, Small data es una exposición donde la basura resurge de sus cenizas y posteriormente vuelva a ella, pero se presenta de forma cíclica, por lo que pese a todo lo que se pierde y se destruye, siempre quedará la ilusión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario