Dispositivo fénix
Daniel Canogar
Andrea Florido Cabrillana (1º Historia del Arte)
Small data, la nueva exposición
de Daniel Canogar, nos presenta una serie de dispositivos
electrónicos, rotos y olvidados, a los que, gracias a unos
proyectores y a sus luces, colocados sobre las piezas, dota de vida.
De esta forma, y gracias a la original presentación de las obras,
los modelos anticuados vuelven a nacer durante el periodo de tiempo
que el proyector se mantiene encendido. Así, el artista critica así
lo efímera que es la existencia de los dispositivos electrónicos,
ya que la sociedad está acostumbrada a abandonar el aparato, antaño
portadoras de todo tipo de recuerdos e información y, posiblemente
una de las posesiones más preciadas de sus dueños, cuando sale una
nueva versión.
Circuitos, discos duros, un escáner,
una impresora, móviles, calculadoras y otra suerte de chatarra
electrónica se disponen en tablas, siempre iluminadas con sus
respectivos proyectores que de forma precisa, reflejan la
electricidad que una vez tuvieron esas máquinas. Sin embargo, esta
especie de “resurrección” nunca es perfecta: las imágenes
proyectadas, aunque en un principio tengan orden, acaban
descontrolándose, atacándose a si misma o incluso estallando, como
el reloj construido a base de placas de otros relojes digitales que
en un momento, inicia una cuenta atrás y explota; o los mandos de
televisión que se enzarzan en una batalla de zapping, disparándose
rayos que acaban dejando a la televisión sin señal y, finalmente,
apagándola.
Las consolas antiguas se vuelven una
parte importante de la exposición, quizás la más llamativa. En una
de las piezas, los personajes más característicos de Nintendo salen
de la pantalla de la GBA. Sin embargo, aunque hayan podido escapar de
la máquina, les es imposible escapar del soporte. Como una pantalla
insuperable, diversos personajes se amontonan en la base hasta que
las enredaderas ocultan todo, para posteriormente ser devoradas por
el fuego que mas tarde apaga un mar de píxeles que convierte los
botones de la consola en pequeñas islas. Esta autodestrucción
electrónica que aparece en la obra quizás hace referencia a la ya
mencionada necesidad de comprar la nueva versión ya que se impone a
la que ya tenemos. Ni siquiera la tecnología se conforma consigo
misma y necesita reinventarse, sustituyendo sus defectos
continuamente con mejoras. Sin embargo, al mismo tiempo, se está
eliminando a sí mismo y perdiendo su identidad original, al igual
que nosotros cuando desechamos nuestros dispositivos, o borramos los
datos que contienen.
La última parte de la exposición es
una mesa en la cual encontramos varios teclados de ordenador
totalmente desguazados, de forma que lo único que quedan de ellos
son las teclas, separadas y desordenadas. El proyector ilumina el
soporte con letras, números y abreviaturas que podemos encontrar en
cualquier teclado, que bailan por la mesa en busca de su tecla, con
escasos resultados. Quizás por la frustración que conlleva el no
encontrar su lugar, las letras proyectadas se convierten en llamas
que lamen las teclas. Después, las letras vuelven a aparecer y ya
que no pueden volver a su tecla original, empiezan a agruparse en
citas célebres, como el famoso discurso de Martin Luther King “Yo
tengo un sueño”. Sin embargo, las fantasías y utopías que se ven
reflejadas en el orden que han logrado al agruparse, pronto se ve
destruido de nuevo y los caracteres empiezan a dispersarse de forma
caótica. Finalmente, y como si de la caja de Pandora se tratara, aún
queda la esperanza: del desorden nacen una especie de garabatos que
al chocar con cada tecla, dan vida a la letra que las nombra.
En definitiva, Small data es una
exposición donde la basura resurge de sus cenizas y posteriormente
vuelva a ella, pero se presenta de forma cíclica, por lo que pese a
todo lo que se pierde y se destruye, siempre quedará la ilusión.
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